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                             La regresión del TSE

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El Tribunal Supremo Electoral nació tras los acuerdos de paz como una instancia que estaba llamada a garantizar elecciones libres y transparentes, condición mínima (aunque no suficiente) de una democracia.

 


Sin embargo, el TSE parece encaminado inexorablemente a sufrir la pérdida total de credibilidad y cada vez se parece más a su desprestigiado predecesor, sepultando así las esperanzas de aquellos que sueñan con ver a El Salvador convertido en un país democrático.

Las reglas del juego han sido mancilladas una y otra vez, y como ciudadano me pregunto si emitir el sufragio en estas condiciones no significaría estar avalando las sórdidas violaciones al estado de Derecho protagonizadas en derredor del TSE.  El colmo del descaro ha tenido lugar los últimos días. En consonancia con las prácticas anteriores, las fracciones de ARENA PCN y PDC aprobaron un paquete de reformas electorales, una de las cuales establece que para ciertas decisiones del Tribunal ya no se requerirá de mayoría calificada, sino que bastaría con el voto de tres magistrados, dejando a la derecha la senda allanada para que puedan controlar a placer al Tribunal. Las reglas del juego no generan confianza entre los participantes y el próximo proceso electoral no gozará ni de la más mínima credibilidad, lo cual puede derivar peligrosamente en una falta de legitimidad de los resultados.

Los partidos FMLN, CD y PNL emitieron un comunicado donde exigen al presidente Saca que vete las reformas. ¡Que ingenuidad! Si de verdad quieren revertir las decisiones tomadas en torno al Tribunal: ¡No se presenten a los comicios! Si no hay garantías, no se presten al juego, porque si participan en las elecciones a sabiendas de que no existe trasparencia están cohonestando el fraude. Anuncien su decisión de no participar, a ver si así no conmocionan y sacuden los cimientos del sistema.  Pero claro, una decisión tan audaz requiere arriesgarse a perder todo lo que el sistema les ha dado, habrá que ver si son tan revolucionarios como lo pregonan. Como ciudadano, mi dignidad me impide participar de la farsa de las elecciones. "Los votantes votan pero no eligen" llegó a decir acertadamente Eduardo Galeano. No me prestaré al show que piensa montar en marzo del próximo año el Tribunal Supremo Electoral. Si una institución mínima de la democracia no genera la debida confianza ¿por qué participar y seguir perpetuando la opresión?

Alejandro Baires
plahri@gmail.com