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                              La soledad de los viejos

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Los vi en México D.F. deambular a la media noche, por la gran urbe, sin rumbo fijo. Viejos. Decrépitos. Solitarios. Buscaban un umbral en alguna vecindad, quizá una banca en uno de tantos parques que hay en la cruel e inhóspita ciudad, dónde dormitar la noche. Nunca supe cuántos viejos morían de paros cardíacos debido al intenso frió de la madrugada.

Ambrosio Paré en una de sus obras definía la vida total del ser humano en cuatro etapas:
Niñez, adolescencia, juventud y vejez. (Tercera edad que llaman eufemísticamente los funcionarios que no hayan cómo nominar a los adultos viejos).

Este momento de reflexión se refiere a las clases paupérrimas de nuestro país, que llegando a la senectud se quedan solos, en esta etapa de la vida; enviudan, los hijos forman pareja y se van, ya sea desesperados por la pobreza, otros para salir de hogares numerosos y promiscuos.

Por estas circunstancias la pareja de viejos que eran cabeza de familia se quedan solitarios y si por desgracia muere la compañera, al hombre viejo le entristece más la soledad.

Por los años treinta del siglo pasado, motivados por la miseria de sus vidas muchos se entregaron a luchas reinvicativas de las clases menesterosas. Al quedar sola, la madre para criar los hijos que ya no tuvieron padre, sus hogares se desintegraron.

Cientos de indigentes duermen en los portales, bajo los pasos a “desnivel” o en algún resquicio que les proteja del clima imperante. Cientos de jóvenes de ambos sexos emigran diariamente a los Estados Unidos en busca de una vida mejor.

Cientos de VIEJOS MUEREN A DIARIO, solitarios, abandonados, paupérrimos, olvidados por un gobierno insensible y despiadado también por qué no decirlo, por una oposición “Blandengue” que se acomodó al sistema financiero neoliberal, en aquello de “Déjenos Hacer Déjenos Pasar” también por qué no decirlo, por un pueblo mediatizado, temeroso, sometido por sus necesidades y el hambre; tal la desesperanza y fatalismo, que mejor votan (aunque no elijan) por el grupúsculo neo fascista que detenta el poder. No creo en aquello que: “Una mentira repetida mil veces se vuelve verdad”. Ni lo otro que: “La costumbre mantenida por largo tiempo se hace ley”

Sí creo: Que un día surgirá el despertar del pueblo que reclamará en consecuencia, todo el mal que le han hecho estos depredadores vende patria.

Jorge Francisco Regalado
Santa Ana.