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"Sólo el poder detiene al poder", esa máxima ha sido y es muy real en todos los ámbitos de la vida humana. Lo es también para la vida salvaje. Sólo con un poder de similares dimensiones al contrario podrá existir equilibrio, esa es la premisa básica en la economía, en la familia, en la política, en la cultura, entre los animales de todas las especies, y por supuesto en la comunicación y todo el ámbito de la ideología. |
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En ese proceso de comunicación existe un desequilibrio latente. La fuente, siempre es el propietario del medio de comunicación, es el emisor de su verdad que, a través de sus medios de comunicación, intenta persuadir con mensajes manipulados a favor de sus intereses económicos e inclinaciones ideológicas, muy alejados de la realidad del destinatario, a quien intenta controlar transmitiéndole, disfrazado de noticia, los conceptos ideológicos de su grupo dominante. En definitiva, el proceso de comunicación es un asunto de poder. Esta relación de ser receptor de los mensajes de otros sin la posibilidad de expresar los propios nos deja, en la lógica del poder, como los débiles, los excluidos, con el agravante de ni siquiera darnos cuenta de cuáles serían nuestros mensajes. Este libro intenta develar ese desequilibrio, proponiendo una estrategia para romper el paradigma predecible del sistema de comunicación en donde esos excluidos, que somos los más, podemos dejar de tener un papel sumiso, de receptor idiotizado, en el proceso de la comunicación, y en vez de ser los eternos manipulados lograr hacer oír nuestra voz. PÍDALO AHORA EN
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